Resulta muy importante en estos momentos en que el cumplimiento normativo y la responsabilidad social empresarial se encuentra tan interiorizada en nuestra dinámica económica, el realizar un breve esquema desde la óptica del derecho mercantil del gobierno corporativo en las sociedades de capital.

Para empezar conviene recordar que sociedad de capital es aquella sociedad en que una o varias personas (físicas o jurídicas) aportan un capital determinado en aras de que esta realice una actividad concreta que reporte a los mismos un beneficio económico. Este capital no es una aportación realizada a fondo perdido y es, al menos en teoría, algo exigible por los socios en el momento de disolución de la sociedad.

En consecuencia los socios son por tanto los primeros interesados en que la sociedad sea administrada y gestionada de la forma más diligente y leal posible. Es precisamente por eso que su órgano propio, la Junta General nombra para ello a un órgano de administración, completando así el esquema de gobierno corporativo de la entidad. Este órgano de administración puede tomar distintas formas según su organización. En orden de mayor a menor control del órgano de administración pueden encontrarse de forma general las siguientes formas: administrador único, administradores solidarios, administradores mancomunados y por último, como órgano colegiado, el consejo de administración.

Es importante señalar que la administración de las sociedades de capital ha de realizarse teniendo siempre en cuenta en primer lugar su legislación aplicable. Es importante por ejemplo señalar como en la última reforma para la mejora del gobierno corporativo de la Ley de Sociedades de Capital del se amplió el ya existente, deber general de diligencia, hasta considerar que los administradores tienen que desempeñar el cargo y cumplir con los deberes impuestos por la legislación y los estatutos. Es decir, que el cambio en la norma se enmarca en la tendencia de refuerzo del papel del administrador como garante del correcto funcionamiento de la sociedad.

Antes de finalizar queremos referirnos a que es a la legislación y en los estatutos de la sociedad donde debemos acudir, al menos como punto de partida, para referenciar las relaciones de gobierno corporativo entre la Junta General y el órgano de administración. La más conocida entre estas consiste en la formulación de cuentas por parte de este último para su aprobación por la Junta General, mas no es esta la única relación y pueden establecerse otras como, por ejemplo, el que la Junta General tome en momentos puntuales instrucciones para la gestión.

Como cierre conviene recordar a los administradores que nunca han de perder de vista el mandato que les dio la Junta General y que deben cumplir de forma leal y diligente con el mismo, sabiendo que este cumplimiento incluye en el día de hoy nuevos conceptos, como los relacionados con la supervisión y el control interno exigidos por el Código Penal o la responsabilidad social empresarial.

Manuel Azpeitia Pérez de Miguel

Consultor