En los últimos meses se ha podido observar un avance en la lucha contra el cambio climático en España por parte del sector público. En este sentido, el Gobierno ha demostrado su creciente interés en este problema a través de la ratificación del Acuerdo de París el pasado 12 de enero de 2017 y el impulso en la elaboración de una Ley de Cambio Climático y Transición Energética para la cual los grupos parlamentarios han presentado ya propuestas de contenido y que, según la directora de la Oficina Española de Cambio Climático, será dialogada con el sector empresarial. Por su parte muchas empresas españolas ya llevaban años adoptando políticas de adaptación y mitigación.

Una empresa a la hora de implantar medidas que contribuyan a la lucha contra el cambio climático tendrá que empezar con una autoevaluación en la que identifique los impactos de sus actividades. Esta identificación se hará teniendo en cuenta su cadena de valor y la influencia que tiene cada uno de las actuaciones que realiza en su entorno. A continuación, una vez reconocidos sus impactos y los problemas que estos generan habría que buscar determinadas soluciones mediante mejoras tecnológicas, innovaciones, nuevas formas de producción o a través de la utilización de fuentes de energía renovables.

Las soluciones a los problemas que la empresa causa se consideran como una actividad estratégica por ser una cuestión de largo plazo, y deben estar integradas en la estrategia general para que complementen las demás áreas de actuación. Para que el plan de lucha contra el cambio climático tenga una implementación efectiva deberá de cumplir tres requisitos:

1) Apoyo de la alta dirección: Contar con este apoyo en las empresas es fundamental porque sin su convencimiento las medidas que se quieran adoptar serán ineficaces.

2) Implantación multidisciplinar: Requiriendo para ello que todas las áreas de la empresa se vean involucradas y que conozcan los objetivos que se planteen, y creando así una cultura corporativa.

3) Medición del retorno de la inversión: tanto en la parte tangible como intangible. La consecución del ROI como requisito puede parecer en un principio un tanto improbable debido a que los resultados de su adopción pueden manifestarse de diferentes maneras.

Por un lado, puede tratarse de una cuestión de competitividad puesto que nos encontramos en un momento en el que, tras la ratificación del Acuerdo de París, se fomenta un movimiento internacional a favor de una economía baja en carbono y respetuosa con el medio ambiente. En consecuencia, las empresas que sepan adaptarse a esta tendencia podrán sobrevivir estando a la altura de las expectativas de la nueva demanda del consumidor cada vez más exigente en términos de responsabilidad corporativa con el entorno, de lo contrario tendrán el riesgo de quedarse fuera del mercado.

Por otro lado,  los planes de lucha contra el cambio climático en la empresa pueden generar una reducción de costes como resultado de una mayor eficiencia interna.

En definitiva,  todos tenemos algo que aportar a la lucha contra el cambio climático y la empresa no puede estar al margen de esta visión común de desarrollo sostenible junto con los Estados y la sociedad civil si quiere asegurarse su permanencia futura.

Alba Fuentes Delpón
Equipo RSE