Cada vez son más las exigencias que debemos afrontar, hasta el punto en que la gestión de estos cumplimientos se vuelve un quebradero de cabeza para administradores y directivos, incluso convirtiéndose en un verdadero riesgo para la empresa. El nuevo marco normativo español solamente viene a consolidar esta tendencia de trasladar la labor de vigilancia y control al empresario. Además, las organizaciones tienden a integrar otros tipos de compromisos con sus grupos de interés (empleados, proveedores, clientes,…) que para demostrar integridad deben también considerarse términos ineludibles.

Si además de la normativa aplicable a todas las sociedades mercantiles contemplamos la regulación particular de cada sector y los requerimientos propios que impone el mercado en el que se opera, nos topamos con muchos procedimientos y objetivos a manejar, en tiempo y forma. De la misma manera, como mencionábamos en el artículo RSC en entornos de PYME, las grandes empresas cada vez extienden más exigencias a lo largo de su cadena de suministro; así encontramos cada vez más pequeñas y medianas empresas con políticas de RSC, sistemas de calidad y de medioambiente, entre otros. Por no hablar de las entidades que sean sujetos obligados de la Ley de Prevención de Blanqueo de Capitales o aquellas que participen en mercados de valores que afrontan requerimientos adicionales de transparencia y control interno.

Precisamente para la integración de todos estos deberes (legales y voluntarios) se están consolidando los modelos de cumplimiento, en inglés “compliance management systems”. Estos sistemas suelen partir del establecimiento de la cultura, valores y principios de la empresa mediante Códigos de Conducta, políticas y normas éticas; y de un análisis pormenorizado de todos las obligaciones a tener en cuenta. A partir de esta base, se desarrollan procedimientos escritos orientados a reducir los riesgos de incumplimiento, que ayudan a ejercer la debida diligencia que los marcos regulatorios actuales establecen. Los modelos de cumplimiento se sustentan mediante el establecimiento de planes de formación del personal y la determinación de responsabilidades y funciones, de canales específicos de comunicación y de protocolos para su revisión.

Los modelos de cumplimiento descritos son en múltiples jurisdicciones reconocidos como una herramienta efectiva de control interno y por tanto suponen un aspecto a considerar en la reducción de sanciones, en caso de infracciones. También la sociedad y los consumidores saben premiar los esfuerzos, que son más fácilmente evidenciables a partir de dichos modelos.

La integración de todos los procedimientos de “compliance” no es una labor fácil, pues requiere una inversión en tiempo de parte de numerosos departamentos. Sin embargo, los sistemas de gestión comparten varios procedimientos que unificados en modelos de cumplimiento crean claras sinergias que reducen el tiempo dedicado a labores administrativas y aportan una visión más global de los riesgos  y objetivos de la empresa.

Si bien una entidad altamente organizada donde las diferentes áreas se coordinan y comunican de forma fluida podrá afrontar los mencionados requerimientos de forma eficaz; los modelos de cumplimiento integrales demuestran tener obvias ventajas en términos de eficiencia. Por esta razón, conviene que cada uno analice para su caso particular la conveniencia de integrar sus esfuerzos en estos únicos modelos de cumplimiento, que en definitiva puede aportar una gran tranquilidad a administradores y directivos.

Andrea Duque Pérez
Responsable RSE