En artículos anteriores hemos informado de la responsabilidad de los administradores en relación al “deber de información” en términos generales, y qué debe primar en todo modelo de prevención de riesgos penales. Como decíamos, la información debe fluir en sentido bidireccional, de tal forma que ayude a la Dirección a la toma de decisiones de forma diligente y a minimizar los riesgos empresariales.

En el presente artículo vamos a desarrollar el deber de información que los administradores deben ofrecer en el marco de su cargo en la formulación de las cuentas anuales.

Hasta no hace mucho tiempo las cuentas anuales suponían únicamente la rendición de cuentas que se producía de forma anual por los administradores a los accionistas. Pero actualmente los accionistas sólo representan una de las piezas de los llamados grupos de interés (stakeholders), en los que se incluyen los clientes, proveedores, trabajadores, entidades financieras, agentes sociales, etc.

Por lo tanto, las cuentas anuales cobran una importancia vital en relación a la información pública fiable de nuestra empresa como base para la toma de decisiones. Máxime con el desarrollo de las nuevas tecnologías que nos permiten en tiempo real el acceso a la información financiera pública de cualquier empresa con un solo “clic”, y la proliferación de empresas que se dedican a comparar sectores y evaluarnos frente a otras empresas.

La responsabilidad de los administradores respecto a la formulación de las cuentas anuales viene determinada básicamente en el Código de Comercio (CCo), así como en la Ley de Sociedades de Capital (LSC).

De forma resumida la responsabilidad se produce en dos ámbitos:

a) Responsabilidad en relación a la imagen fiel del patrimonio y de la situación financiera en las cuentas anuales.

b) Responsabilidad en cuanto al depósito (o falta de ello) de las cuentas anuales en el Registro Mercantil.

En próximos artículos analizaremos la responsabilidad de los administradores en cuanto a la falta de depósito de las cuentas anuales en el Registro Mercantil, desarrollando en este la relativa a la imagen fiel de las mismas.

En este sentido, el art. 34. 2 del CCo indica:

2. Las cuentas anuales deben redactarse con claridad y mostrar la imagen fiel del patrimonio, de la situación financiera y de los resultados de la empresa, de conformidad con las disposiciones legales (…)

Y por su parte el art. 253 de la LSC:

“1. Los administradores de la sociedad están obligados a formular, en el plazo máximo de tres meses contados a partir del cierre del ejercicio social, las cuentas anuales, el informe de gestión y la propuesta de aplicación del resultado, así como, en su caso, las cuentas y el informe de gestión consolidados.

2. Las cuentas anuales y el informe de gestión deberán ser firmados por todos los administradores. Si faltare la firma de alguno de ellos se señalará en cada uno de los documentos en que falte, con expresa indicación de la causa”. 

Por lo tanto, más allá de otros responsables que puedan intervenir en la llevanza de los libros contables y la formulación de los estados financieros, como directores financieros y otro personal, la normativa señala como máximos responsables de la imagen fiel de las cuentas anuales a los administradores. Sin perjuicio de la intervención y responsabilidad de aquellos otros administradores de hecho o colaboradores, conforme a la redacción actual del Código Penal.

Por su parte, y en caso de que las cuentas anuales estén auditadas, el artículo art. 268 de la LSC establece que “El auditor de cuentas comprobará si las cuentas anuales ofrecen la imagen fiel del patrimonio, de la situación financiera y de los resultados de la sociedad, así como, en su caso, la concordancia del informe de gestión con las cuentas anuales del ejercicio.”

Entonces, ¿qué sucede en materia de responsabilidad cuando las cuentas anuales están revisadas por un auditor?

Para ello debemos acudir al art. 236 de la LSC que se configura como unos de los principales preceptos en esta materia. Según este:

“1. Los administradores responderán frente a la sociedad, frente a los socios y frente a los acreedores sociales, del daño que causen por actos u omisiones contrarios a la ley o a los estatutos o por los realizados incumpliendo los deberes inherentes al desempeño del cargo, siempre y cuando haya intervenido dolo o culpa.”

Por lo tanto, más allá de la responsabilidad civil que el auditor deba asumir por el incumplimiento de sus obligaciones conforme a la Ley de Auditoría, su actuación no supone un eximente a la responsabilidad de los administradores; tal como está sucediendo en los últimos escándalos contables.

Es decir, son los administradores sobre los que recae la acción de responsabilidad por los daños y perjuicios que pudieran causar en relación a la falta de imagen fiel en las cuentas anuales. Incluso en aquellos casos en los que las cuentas anuales hayan sido auditadas, y posteriormente aprobadas por la junta de accionistas.

De esta forma, es importante que los modelos de prevención penal incluyan aquellos procedimientos en el área financiera que minimicen los riesgos para los administradores en relación a su responsabilidad en la imagen fiel de las cuentas anuales, por una intervención activa o pasiva de estos.

Sergio González
Director